Rory:
guitarras, raíces americanas y una vida sobre la carretera
Una
conversación sobre sus primeros pasos con la guitarra, la música que escuchaba
en casa y aquellos artistas americanos que terminarían marcando su camino.
Rory
lleva años haciendo de la carretera una forma de vida. El calendario no da
tregua: cuatro noches en el Olympia a partir del día 17, y después Belfast,
Limerick, Galway y Cork, antes de continuar con una nueva gira por el Reino
Unido.
—Tienes
por delante cuatro noches en el Olympia, empezando el día 17. Después llegan
Belfast, Limerick, Galway y Cork, y finalmente una gira por el Reino Unido. Tienes
una agenda bastante apretada, ¿no?
—Sí,
así es.
Nacido
en el hospital de Ballyshannon, Rory recuerda sus primeros años con una mezcla
de humor y cierta distancia.
—Naciste
en el hospital de Ballyshannon. ¿Así es como lo llaman?
—Eso
creo. No lo recuerdo personalmente.
—¿El
hospital sigue allí?
—Creo
que sí, por lo que sé. Aunque todavía no han colocado la placa.
—Cualquier
día de estos.
—Cualquier
día de estos.
De
Irlanda a una vida nómada
—¿Y
cómo acabaste viviendo en Cork?
—No
lo sé. Por varias razones. Fue realmente allí donde crecí y donde fui al
colegio, aunque también pasé temporadas en otras partes de Irlanda.
Con
el tiempo, viajar terminó convirtiéndose en una parte natural de su vida.
—Al
final acabas teniendo facilidad para viajar. Y me gusta ese estilo de vida
nómada, así que me viene muy bien.
Esa
relación con la carretera, con el movimiento constante y con la música parece
formar parte de su propia manera de entender la vida.
El
primer contacto con la guitarra
—¿Cuándo
empezaste a interesarte por las guitarras?
—A
los nueve años. ¿O fueron nueve? Sí. Aunque cuando tenía seis o siete años ya
tenía un ukelele con una fotografía de Elvis Presley.
—Yo
habría pensado que ese ukelele debería haber llevado una fotografía de George
Formby.
—Era
un instrumento de plástico de Woolworths, o algo parecido.
Pero
aquel pequeño instrumento ya apuntaba hacia un universo musical muy concreto.
—Creo
que, al ver a Elvis Presley y escuchar a Big Bill Broonzy y Lead Belly en la
televisión y en la radio, ya sabía hacia dónde quería ir.
La
primera guitarra de madera llegó cuando tenía nueve años. Y a partir de
entonces, la relación con el instrumento fue definitiva.
—La
primera guitarra de madera fue a los nueve años. Y, desde entonces, me quedé
enganchado. Así ha sido para mí y para todos los que estaban a mi alrededor.
Una
familia con música en las venas
La
música tampoco era algo extraño en su entorno familiar.
—¿Qué
papel tenía la música en tu familia? ¿Tu padre era músico?
—Mi
padre era un muy buen acordeonista. Mi madre cantaba muy bien y, por las dos
partes de la familia, había bastante tradición musical.
—En
Irlanda eso no resulta demasiado extraño. ¿Te animaron a seguir ese camino o
intentaron frenarte?
—No,
no. Me animaron.
Pero
sus intereses pronto empezaron a mirar mucho más allá de la tradición musical
que podía escuchar en casa.
—Yo
estaba mucho más interesado en la música de raíces americana que en la música
tradicional irlandesa o en la ópera, que quizá era lo que se podía escuchar en
casa.
Entre
todos aquellos nombres, hubo algunos que ocuparon un lugar especial.
—Sentía
un amor enorme por Lead Belly y por aquellos músicos ambulantes americanos.
Descubrir
América a través de la radio
Resulta
especialmente revelador pensar en la música que podía llegar hasta Irlanda en
aquellos años y en la manera en que aquellos sonidos fueron formando el
imaginario musical de Rory.
—Cuando
escuchas esos discos ahora resulta extraordinario pensar que estabas escuchando
a Lead Belly, Big Bill y todos aquellos músicos.
—Sí,
originalmente.
La
radio y la televisión eran entonces ventanas hacia un mundo musical que estaba
muy lejos geográficamente, pero que podía sentirse sorprendentemente cercano.
—En
la BBC se podía escuchar a estos músicos en programas de jazz, blues y folk...
—Sí.
—No
era exactamente lo mismo que el rock and roll o el blues que podían escucharse,
por ejemplo, a través de las emisiones americanas. Me refiero a la música
tradicional americana.
—Sí.
Y
junto a aquellos pioneros de las raíces americanas estaban empezando a aparecer
otros nombres que cambiarían para siempre la música popular.
—Chuck
Berry y Lonnie Donegan tampoco se escuchaban demasiado.
—Buddy
Holly, Eddie Cochran...
—Sí,
Buddy Holly, Eddie Cochran.
Pero,
para Rory, la cuestión no era tanto encajar cada música en una categoría como
la emoción inmediata de ver y escuchar a alguien hacer música.
—En
aquella época, simplemente ver a alguien tocando una guitarra y cantando era
suficiente para despertar mi entusiasmo.
Y
quizá esa sea una de las claves de toda aquella fascinación inicial: no había
demasiados prejuicios ni fronteras estilísticas.
—No
era demasiado exigente con la música. Ver a alguien tocando una guitarra y
cantando era suficiente para atraparme.